¿Controlo mi imagen?

El periodista de hoy en día compite con los millones de improvisados reporteros que publican sus noticias en Twitter y planta cara a su vez a los miles de millones de corresponsales que Facebook tiene repartidos por todo el mundo. En las redes sociales el lector encuentra celeridad, las noticias salen a la luz en cuanto se ven, se escuchan, incluso, nada más se intuyen y las opiniones o los comentarios todavía son más rápidos. Además, Internet no entiende de jornadas laborales y trabaja a pleno rendimiento las 24 horas del día. En esta batalla digital gana por goleada la velocidad a la veracidad y la insistencia a la noticia en exclusiva, lo que se traduce en medias verdades, exageraciones y datos erróneos que circulan por la red generando opiniones y configurando nuestra imagen pública así como la reputación online de marcas y entidades.

Un ejemplo lo encontramos en la última polémica en la que se ha visto envuelto el jugador de fútbol, Gerard Piqué, por cortar las mangas de la camiseta que lució en el partido contra Albania. Una conjetura a través de Twitter se transformó en una oleada de críticas que acabó publicada como hecho contrastado en varios medios de comunicación. El central del Barça ha tenido que dar explicaciones públicas para defender su implicación con la selección nacional y hasta la Federación Española de Fútbol ha salido en su defensa pero la hipótesis ya es una realidad para muchos.

A través de las redes sociales no sólo es fácil y rápido convertir en real una conjetura sino también propagar insultos o amenazas. Es el caso del presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, que ha mostrado a través de su cuenta de Twitter el mensaje de un usuario de Facebook en el que se le insulta y amenaza de gravedad. El mandatario catalán no se ha quedado de brazos cruzados y ha denunciado este hecho no solo a través de este servicio, los Mossos d’Esquadra han abierto diligencias de oficio para investigar estas intimidaciones.

Estos dos ejemplos que nos reporta la actualidad no son casos aislados, por ello resulta imprescindible que tanto los usuarios particulares como las empresas conozcan las herramientas que tienen a su disposición para proteger su reputación online y defender sus derechos del mismo modo que los usuarios particulares tuitean o cambian su estado de Facebook y las grandes empresas invierten cifras astronómicas en campañas de marketing para cuidar su imagen. Una estas armas es el sellado de tiempo que permite certificar de forma prácticamente instantánea un tuit, la entrada de un blog, un comentario en cualquier red social o una noticia digital.

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